Indiferente a la Indiferencia
Yo no puedo odiar, soy incapaz de odiar por más daño y dolor que hubieran dejado a su paso. Por que? No lo se.
Tal vez por que me ocupo en curar esas ausencias que cada vez son mayores y dejan a su paso aprendizaje; y solo queda un pedazo de sentimentalismo vano, sufro lo aparentemente absurdo y lo aparentemente loco.
Una mitad de mi gotea ternura mientras que la otra es salvaje y caprichosa, pero juntas me dan un toque extraño, tal vez de ingenuidad, que forma un todo profundo y hermético.
Le soy indiferente a la indiferencia, llevo mi propia duplicidad y discordia interna hacia las existencias mas extrañas que me rodean. Yo se que puedo vivir, existir, no necesito sufrir tormentos, ni tener miedo, ni avergonzarme de mi vida, pero me es ridículo consumirme en impotentes afanes sociables.
Lo que para mi es suceso, elevación y éxtasis, el mundo no lo conoce, ni lo ama, ni lo busca, para el todo es locura. Y esto es lo que hace que mi alma se abrume al grado que con frecuencia lo habitual, lo desconocido, lo trivial y lo ordinario hagan un intervalo para dejar pasar a lo extraordinario y a lo maravilloso.
Mi existencia solo es movimiento, es un flujo y un reflujo de soledad, pero no pretendo que esto sea mi afán, mi objetivo y mucho menos mi destino y mi condenación. Pero hasta ahora nadie se ha aproximado espiritualmente, así que mientras esto ocurre tendré que aprender a escuchar el silencio y dejar atrás este parloteo mental que tanto me enajena.
